La economía del Gobierno, entre el divague oficialista y la dura realidad

La Administración macrista lleva cuatro años de un discurso que se distancia mucho de lo que percibe la gente cada día.

La distancia y la desconexión entre los dichos del presidente Mauricio Macri y lo que sucede enla realidad, son cada vez mayores. Eso se traduce en deseos del primer mandatario, como por ejemplo cuando dijo que “los argentinos no quieren volver para atrás”, mientras que lo concreto es que el Producto Bruto Interno no deja de caer. Dicho en otras palabras: los argentinos, en efecto, vamos hacia atrás; pese a la ilusión de Macri.

 

Otro modo de demostrar esa distancia entre los hechos y las palabras, quedó patente cuando algunos integrantes del Gobierno macrista llegaron a afirmar que “en diciembre de 2019, la economía estará más sana que en 2015”.

 

La dura realidad demuestra lo equivocado que están.

 

Y las incongruencias, o si se quiere “el divague” en el que cae una y otra vez el Gobierno Nacional, no se limitan a lo anterior. En casi todos los temas, parece que no caen en la realidad y expresan exactamente lo contrario de lo que vive la gente, cada día, en carne propia.

 

Hablan de la baja de la inflación; algo que a todas luces no sucede y para muchos es simplemente imposible. Para empezar no entienden que este fenómeno es el exceso de emisión de moneda en tiempo real. Así, “absorber” pesos del mercado no tiene sentido porque, una vez emitido el exceso, precisamente vía aumento de precios, el mercado equilibró la oferta y demanda. Si luego se retira moneda del mercado ofreciendo tasas altas, se provoca una “emisión negativa” es decir, en tiempo real se baja artificialmente la demanda de dinero, no los precios.

 

Los números hablan por sí solos. El Gobierno afirma que está bajando “desde los registros de septiembre y octubre de 2018”, pero sin embargo, entre noviembre y enero, la suba mensual de los precios fue de entre 2,5% y 3,2%, la mitad que septiembre.

 

El panorama es poco alentador, siendo optimista. Es que cabe la concreta posibilidad de que en febrero la inflación supere el 3,5% y -lo que es peor y más alarmante- podría seguir subiendo.

 

Para el Gobierno, el índice de precios mayoristas marca un anticipo y subió 0,6% en enero, sumando 2% en el último trimestre, el crecimiento más bajo desde fines de 2016. La realidad es que esta baja -circunstancial- no tienen ninguna relación con el proceso inflacionario, sino que, contrariamente, muestra recesión en aumento, y la contrapartida es una baja mayor en la demanda de dinero.

 

Creer que “absorbiendo” dinero baja la inflación es -sobre todo para los expertos en economía- algo al menos infantil y lejano a la realidad, por lo cual el BCRA volvió a subir las tasas -Leliq casi en 50%- acelerando la “bicicleta” financiera, demoliendo la producción local. Lo más curioso es que lo hacen para ponerle freno al dólar como si su precio generara inflación y no al revés.

 

Al respecto, vale decir que el precio del billete estadounidense tiene que subir porque es otro precio y dada la inflación debe acomodarse, por oferta y demanda, para equilibrar al mercado local. Con un dólar artificialmente controlado hacia abajo, el precio en dólares de los productos aumentaría al ritmo de la inflación, lo que los deja fuera de competencia. De esta manera, la ecuación es simple y sencilla: caen las exportaciones.

Entre tanto, el Gobierno macrista dice que esta “construyendo una macroeconomía más sana… hacia el déficit cero… un tipo de cambio competitivo y estable, con superávit comercial… Este es el camino para reducir la inflación”. Para muchos entendidos en economía, esto es imposible de creer y tomar en serio.

 

Y hay más: la Administración de Macri sube la apuesta asegurando que van a reactivar “a partir de las exportaciones, la continuidad de la baja de tasas y la recuperación de salarios y jubilaciones”. Por cierto, las ventas minoristas cayeron 11,6% en enero, 13 meses consecutivos de baja. Y además, crecen las importaciones.

 

Economía estimaba que las exportaciones crecerían por sobre un 20% en 2019. Pero la realidad concreta, lo que dicen los datos firmes de lo que se vive, es que en realidad cayeron.

 

Bajaron 4,7% interanual en enero y la cosa va para peor -por el desfasaje dólar/inflación- pese a los pronósticos del gobierno y muchas “consultoras” al punto de prometer un superávit comercial en 2019 al nivel del 2012. Desde el Gobierno, todo basado en una auténtica irrealidad.

 

Si todavía hubo superávit -no por mucho tiempo- de u$s 372 M en enero frente a los u$s 1.000 M proyectados, se debe a la recesión, la destrucción de la producción que logró que las importaciones cayeran 26,5%.

 

Pero el gobierno no se escapa de la realidad por sí solo, además de las “consultoras” hay otros“expertos”. Por caso, cuando está claro que el problema es un exceso de Estado parasitario sobre el mercado cada vez más expoliado, la “mejor escuela de negocios”, ubicada en Pilar, propone ahondar el problema. En un
informe afirma que “el rol contractivo de las erogaciones del sector público sobre gastos de inversión y consumo… brinda sustento a la contracción”. Dicho de otro modo, la baja del gasto estatal provoca la recesión económica.

 

Para completar este panorama sombrío para la economía argentina, y la gente, de cara a lo que viene, aparecen los “expertos” que, como el FMI, afirman que “se están logrando avances importantes”.

 

Entre tanto, y en medio de ilusiones que no coinciden con la dura realidad y algunos que otros divagues de parte del Gobierno, el diario económico global más prestigioso de todo el mundo, The Wall Street Journal, publicó recientemente en un editorial bajo el título de “Brexiteers for Argentina”, que “El “brexit” no
funcionará con el modelo económico… inflacionario de Argentina”, sino convirtiendo a Gran Bretaña “en un Hong Kong o Singapur, con baja regulación, bajos impuestos y libre comercio…”.

 

Según Came, de cada “$100 que entran a una pyme, 46 va a impuestos”, y queda mucho por sumar.

 

Así, según O. Ferreres, la Inversión Bruta Interna Mensual cayó 5,6% interanual en 2018, y en el futuro inmediato, todo se pondría mucho pero. La Argentina ya lo siente en carne propia y desde el Gobierno parecen no acusar recibo de la complicada situación: los Procedimientos Preventivos de Crisis se duplicaron durante
los días del macrismo. Y más: el problema se profundizó marcadamente con las retenciones a las exportaciones industriales -una alícuota del 8%- y la disminución del reintegro a dichas ventas.

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